De Christopher Hitchens a Hugo Chávez o Vivir muriendo

Cuando uno de mis amigos venezolanos supo que volvía a Venezuela a reportear en momentos de gran incertidumbre por el delicado estado de salud del presidente Hugo Chávez, me pidió que le llevara el último libro de Christopher Hitchens, Mortalidad. En él, Hitchens narra la tortura que padecía en el hospital donde lo pinchaban con agujas asesinas hasta encontrar sus esquivas venas, la forma como fue perdiendo todo el vello de su cuerpo hasta quedar andrógino, y claro, lo más duro para un orador como él, perder la voz. Hitchens llenaba auditorios, era un maestro de la palabra y un gran “entertainer”. Por eso, perder la capacidad de pronunciarse, de declamar, de debatir, de contar, era perder su vida. Eso efectivamente sucedió en el último tramo que él describió como  “vivir muriendo”.

Cuando leí lo de “vivir muriendo” recordé instantáneamente el lema de una de las misiones de Chávez, la de vivienda: “Vivir, viviendo”, que salió de un discurso en el que dice que el capitalismo condenó a los pobres a “vivir muriendo” en barrios miserables y que su revolución quería precisamente darle vida “verdadera” al pueblo venezolano.

No tengo la certeza de que el Comandante haya logrado enteramente darles una vida plena a tantos venezolanos que aún siguen en la pobreza. De lo que no me cabe duda es que su voz, oida por última vez el pasado 8 de diciembre, es ya una leyenda, no sólo en Venezuela, sino en el mundo entero. Su voz fue el mejor instrumento de poder para encantar con gracia a sus simpatizantes o atacar sin misericordia a sus adversarios. Sus discursos, sus chistes, sus frases, se escuchan en la televisión, en la radio, y se ven escritas en pancartas y murales propagandísticos de algunas de las misiones de su gobierno, que ante todo, ha sido muy efectivo en comunicación. Porque ésta ha sido, ante todo, una revolución liderada por micrófono.

Ignoro cuál sea el verdadero estado de salud del presidente. Los rumores en Caracas sobre su condición le dañaron el almuerzo a más de uno el martes por la tarde. También fueron motivo de desvelo el lunes en la noche, luego de que el ministro de información, Ernesto Villegas, dijera que estaba “muy grave”.  Se supone que Chávez ya no puede hablar, pero me pregunto si volverá a pronunciar palabras, y si lo último que iba a decir, ya lo dijo. Las de Hitchens, según uno de sus representantes literarios, que lo vio despertarse por breves instantes antes de morir fueron “Capitalismo, ruina”……….

El anterior párrafo fue lo último que escribí antes de escuchar las palabras de Nicolás Maduro, anunciando la muerte de Chávez el pasado 5 de marzo por televisión. Abandoné la escritura de esta entrada de blog, con la que se suponía iba a inaugurarlo, para irme al hospital esa noche. Allá estaba la noticia. Pero en realidad no estaba ahí. Todavía desconocemos realmente cuál es la verdadera historia sobre la muerte de Chávez. Mientras tanto solo podemos conformarnos con la verdad oficial de su muerte y de sus últimas palabras, que según el gobierno venezolano fueron:  “No quiero morir, no me dejen morir”. No sé si Chávez realmente dijo eso, lo que sí sé es que su gobierno pareciera haber tomado esas palabras como una orden, porque han pasado meses y el país sigue como en estado de negación. Quisáz es porque en vez de hacerle el duelo, el gobierno ha hecho hasta lo imposible para no dejarlo ir.

El duelo por el Comandante ha sido instrumentalizado por sus sucesores, aunque Hitchens quizás lo hubiera descrito en términos más fuertes, quizás como una “necrofilia politizada” como tildó el culto de Chávez por el cadáver de Simón Bolívar. Hitchens también se percató de la tendencia megalomaniaca, la paranoia, y una debilidad extraña del Presidente por los hechizos y encantamientos, y le resultaba increíble que Chávez quisiera hacer lo mismo con el cadáver del prócer bolivariano, como lo hicieron en Corea del Norte con el de Kim II Sung.  ¿Qué diría hoy Hitchens de la necrocracia chavista, socialista y bolivariana que han creado los sucesores del “comandante eterno”? Quizás que el título es un eufemismo para una república encantada por un “muerto viviente”.

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